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[…] Serían las siete y media de la tarde cuando Fogg hizo preguntar a Auda si le podía recibir, y algunos instantes después, la joven y él estaban solos en la habitación de ésta.
--Phileas Fogg tomó una silla y se sentó junto a la chimenea, enfrente de Auda, sin descubrir por su semblante emoción alguna. El Fogg de regreso era exactamente el Fogg de partida. Igual calma e idéntica impasibilidad.
--Estuvo sin Hablar cinco minutos, y luego, elevando la vista hacia Auda, le dijo:
---Señora, ¿me perdonará usted el haberla traído a Inglaterra?
---¡Yo, señor Fogg! -respondió Auda, comprimiendo los latidos de su corazón.
---Permítame acabar. Cuanto tuve la idea de llevarla lejos de aquella región tan peligrosa para usted yo era rico, y esperaba poner una parte de mi fortuna a su disposición. Su existencia hubiera sido feliz y libre. Ahora estoy arruinado.
---Lo sé, señor Fogg, y a mi vez le pregunto si me perdona el haberle seguido a usted y, ¿quién sabe?, el haber contribuido, quizá, a su ruina, retrasando el viaje que usted hacía.
---Señora, usted no podía permanecer en la India, y su salvación no quedaba asegurada sino alejándose bastante para que aquellos fanáticos no pudiesen apresarla de nuevo.
---¿Así, pues, señor Fogg, no satisfecho de librarme de una muerte horrible, se creía usted obligado, además, a asegurarme una posición en el extranjero?
---Sí, señora; pero los sucesos me han sido contrarios. Sin embargo, le ruego que me permita disponer en su favor de lo poco que nos queda.
---¿Y qué va usted a hacer?
---Yo, señora, no necesito nada -dijo con frialdad el caballero.
---¿Pero de qué modo considera la suerte que le aguarda?
---Como conviene hacerlo.
---En todo caso la miseria no puede cebarse en un hombre como usted... Sus amigos...
---No tengo amigos, señora.
---Su familia...
---No tengo familia.
---Entonces le compadezco, señor Fogg, porque el aislamiento es cosa bien triste. ¡Cómo! ¿No hay un solo corazón con quien desahogar sus pesadillas? Sin embargo, se dice que la miseria entre dos es soportable.
---Así lo dicen, señora.
---Señor Fogg -dijo entonces Auda, levantándose y dando su mano al caballero-, ¿quiere usted tener a un tiempo familia y amiga a la vez? […]
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De La Vuelta al Mundo en 80 Días,
Julio Verne, Adaptación de J. Ribera,
Exclusivas FERMA, Barcelona.